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Mitología

El Mito es una realidad cultural muy compleja que se puede abordar e interpretar en perspectivas múltiples y complementarias. Es por eso que se nos hace difícil encontrar una definición que sea accesible para la mayoría de personas no demasiado versadas en el tema, que satisfaga a eruditos y estudiosos de la mitología y que abarque todos los tipos y funciones del mito en las sociedades arcaicas y tradicionales.

La Mitología ha sido desacreditada a partir de Jenófanes (hacia 564-470). Los griegos fueron vaciando progresivamente al mythos de todo valor religioso y metafísico. Opuesto tanto a logos como más tarde a historia, mythos terminó por significar “todo lo que no puede existir en la realidad”. Por su parte, el judeocristianismo relegaba al dominio de la “mentira” y de la ”ilusión” todo lo que no estaba justificado o declarado válido por uno de los testamentos.

Gracias a Dios, en los últimos tiempos se ha estudiado al mito tal y como lo comprendían las sociedades arcaicas, en las que el mito designa una “historia verdadera”, y lo que es más, una historia de inapreciable valor porque es sagrada, ejemplar y significativa.

Hoy en día se sigue utilizando la palabra mito tanto en el sentido de “ficción” o de “ilusión”, como en el sentido que la emplean los etnólogos, sociólogos e historiadores de las religiones de “Tradición Sagrada”, revolución primordial o modelo ejemplar.

Siendo esa segunda opción la que emplean los especialistas, definiremos el mito como el relato de una historia sagrada, de un acontecimiento que ha tenido lugar en el tiempo primordial, el tiempo fabuloso de los “comienzos”. Es decir, el mito cuenta cómo, gracias a las hazañas de los seres sobrenaturales, una realidad ha venido a la existencia.

Es pues siempre el relato de una “creación”: se narra cómo algo ha sido producido, ha comenzado a ser. El mito no habla sino de lo que ha sucedido realmente, de lo que se ha manifestado plenamente. Los personajes de los mitos son seres sobrenaturales. Los mitos revelan pues, la actividad creadora y desvelan la sacralidad de sus obras.

En suma, los mitos describen las diversas irrupciones de lo sagrado en el mundo. Es esta irrupción de lo sagrado la que fundamenta realmente el mundo y la que lo hace tal y como es hoy día. El mito se considera como una historia verdadera, como una historia sagrada, puesto que se refiere a realidades.

Por el mismo hecho de relatar el mito las gestas de los seres sobrenaturales y la manifestación de sus poderes sagrados, se convierte en el modelo ejemplar de todas las actividades humanas significativas.

De manera unánime las tradiciones arcaicas han conocido ese “otro” espacio y tiempo donde las cosas son más reales y efectivas, al punto de que nuestro mundo ilusorio y caótico debe imitar la realidad arquetípica para que su vida tenga un sentido. Los grandes mitos se refieren siempre a la génesis cosmogónica mediante la cual se explica la existencia y se encuentra un orden y un sentido a la inestabilidad del devenir.

Los mitos transcurren en un tiempo “otro”, en un “no tiempo” y una “realidad aparte” que los símbolos representan y los ritos reactualizan permanentemente.

Los orígenes se hacen contemporáneos y la situación primordial es encarnada por que en la vida se regenera. Sin duda, hay niveles de comprensión y participación de aquello que los mitos expresan. Pero esos niveles no se excluyen sino que se complementan. Un hecho celeste se corresponde con otro terrestre (“como es Arriba, es Abajo”) y esta reciprocidad es una de las características propias del universo y del hombre, por lo que las diferentes lecturas de la realidad, o el conocimiento de los distintos planos en que ésta se manifiesta, no se rechazan los unos a los otros, sino más bien se conjugan en el concierto cósmico susceptible de ser vivenciado de modo multidimensional.

Los mitos relatan no sólo el origen del mundo, de los animales, de las plantas y del hombre, sino también todos los acontecimientos primordiales a consecuencia de los cuales el hombre ha llegado a ser lo que es hoy.

Los mitos no son la consecuencia elaborada de un sistema, sino una creación espontánea, irreflexiva y repentina del espíritu humano en su infancia.

El mito es el antípoda de la abstracción. Nada tiene pues de sorprendente que la masa de la humanidad siga aferrada en todos los tiempos al mito; éste forma parte de ella misma, y cuando la humanidad llega a la edad adulta no puede renegar de las creencias de su cuna.

Los modernos estudios de Mitología Comparada han aportado muchísima luz sobre la génesis del mundo, del hombre y de los dioses, así como la historia y evolución de las principales religiones del globo. Para todo hombre pensador, es de suma importancia examinar con la mayor atención los mitos bajo todos los aspectos, aplicándoles las claves del conocimiento y descubrir las verdades trascendentes ocultas en el fondo de los mismos.

El mundo “habla” al hombre y, para comprender este leguaje, basta conocer los mitos y descifrar los símbolos.

Los mitos revelan todo lo que ha sucedido, desde la cosmogonía hasta la fundación de las instituciones socioculturales.

Para Platón, aprender equivale a recordar. Entre dos existencias terrestres, el alma contempla las Ideas: comparte el conocimiento puro y perfecto. Pero al reencarnar, el alma bebe en la fuente de Lethe y olvida el conocimiento conseguido por la contemplación directa de las Ideas. Con todo, este conocimiento está latente en el hombre encarnado y, gracias al trabajo filosófico, es susceptible de actualizarse. La muerte es, por consiguiente, el retorno a un estado primordial y perfecto, perdido periódicamente por las reencarnaciones del alma.

La teoría de las Ideas y la anámnesis platónica es susceptible de compararse con el comportamiento del hombre de las sociedades arcaicas y tradicionales. Éste encuentra en los mitos los modelos ejemplares de todos sus actos. Los mitos le afirman que todo lo que hace o trata de hacer, ha sido ya hecho al principio del tiempo “in illo tempore”. Los mitos constituyen pues, la suma del saber útil. Los mitos representan modelos paradigmáticos fundados por seres sobrenaturales, y no una serie de experiencias personales de tal o cual individuo.

La historia narrada por el mito constituye un “conocimiento” de orden esotérico, no sólo porque pueda ser secreto o se transmita en el curso de una iniciación, sino también porque este “conocimiento” va acompañado de un poder mágico-religioso.

Directa o indirectamente el mito opera una “elevación” del hombre. Y para los que vais a interesaros por el mito, citaré la Epístola de los Efesios V-14:

“Despiértate tú que duermes, levántate de entre los muertos y sobre ti brillará Cristo”.