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Plantas que matan y que curan

Empujado quizá por la imperativa necesidad de poner remedio a sus males, el hombre dirigió toda su atención al mundo vegetal, ya que si éste le proporcionaba alimentos y materias primas, podía pensarse también que le fuera de gran utilidad para curar sus enfermedades.

En la segunda mitad del siglo XVI empezó a generalizarse la “teoría de la semejanza”, que perduró durante algunos siglos. Según esta creencia, las plantas podían curar determinado órgano del cuerpo humano siempre que tuvieran con él alguna semejanza. La hepática o hierba del hígado (Anemone hepática), por ejemplo, tiene las hojas que recuerdan los lóbulos del hígado, y por esto se consideraba idónea para curar las enfermedades de este órgano; el alquequenje (Physalis alkekengi) se usaba contra las inflamaciones de la vejiga porque el cáliz persistente que rodea su fruto es de color anaranjado y tiene forma de odrezuelo.

En realidad, existen numerosas plantas que contienen sustancias medicamentosas verdaderamente eficaces. Dichas sustancias se encuentran además en un estado físico-químico muy particular; en el organismo se liberan gradualmente, por lo que el efecto terapéutico se prolonga largo tiempo.

Además de las propiedades medicinales, las plantas proporcionan otras sustancias que provocan efectos alucinógenos en el hombre. Esto ha sido aprovechado en el tiempo para ciertas prácticas que permitían acceder a “otros estados de consciencia”.

Esta sección mostrará aquellas plantas que tienen un interés especial por su empleo en la tradición mágica, mostrando sus características y propiedades y advirtiendo del peligro de su uso irresponsable.

RECUERDA: Las plantas pueden ser fármacos óptimos, aunque en dosis exageradas resultan a veces perjudiciales e incluso mortales.