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Esenios

El origen de la comunidad esenia se remonta al tiempo de los Macabeos, unos 150 años antes del nacimiento de Jesús, teniendo su centro espiritual en la “Ciudad de la Sal”, un inhóspito lugar situado en el desierto de Judea y cercano a las riberas del Mar Muerto. En esta época y lugar, y en el marco de los grupos sociales de la comunidad judía, surgió una minoritaria y pacífica hermandad de hombres y mujeres íntegros, quienes, animados de una firme voluntad de progreso, elevación, y de liberación espiritual, se agruparon fundando una colectividad de perfeccionamiento que sería portadora de nuevas simientes a las futuras civilizaciones. Las gentes los conocían por; “los piadosos” y también por los “nazarenos” ("nazareno" significa "consagrado a Dios", y también "el que conoce las cosas ocultas"), sin embargo, ellos mismos se denominaban “los Hijos de la Luz”. La palabra esenio proviene del arameo; asaia, que significa médico. En esta misma línea, la voz; Jesús, es en arameo; Ioshúa, que viene del verbo leoshía y que se traduce como; sanar. En hebreo a los esenios se les llamaba; isiin, término que tiene la misma raíz que Ioshúa. Explicado esto, no es difícil pensar que dicha comunidad se dedicara, entre otras muchas cosas, al tratamiento y sanación de las enfermedades disponiendo de un espacio (sanatorio) al cual podía acceder cualquier persona o grupo social que allí se acercara en peregrinación (saduceos, fariseos, publícanos etc.), pues su alto grado de consciencia y entrega a remediar los sufrimientos de los hombres, les hacía no distinguir entre castas pues eran conocedores de que, al cuidar al individuo, atendían del Ser Supremo que estaba en él. Los esenios, profesaban vida monástica, compartían sus bienes, y constituían una hermandad secreta alejada de cualquier inclinación de tipo político siendo reconocidos por su hospitalidad, pureza, pacifismo, bondad y prudencia.

Relatos acerca de los esenios

El erudito romano Plinio (24-69 d.C.) relata acerca de ellos; “son gente solitaria y muy superior al resto de la Humanidad”. Filón de Alejandría -filósofo judío- (Alejandría, hacia 20 adC - hacia 50), señala: “Hay 4.000 esenios residiendo en muchas poblaciones de Judea. Evitan las ciudades. Tienen todos sus bienes en común. Cultivan la tierra y se dedican a oficios pacíficos, son granjeros, pastores, vaquerizos, agricultores, artesanos y artífices. No deben fabricar instrumentos de guerra ni ocuparse del comercio. Entre ellos no hay esclavos ni señores por estar convencidos que la fraternidad humana es la relación natural de los hombres. Poseen el don de la predicción del futuro, son extremadamente limpios y visten siempre de blanco. No dan importancia al tiempo ni lo usan como excusa para no trabajar. Vuelven gozosos de sus tareas. Los esenios se han reunido a causa de su celo por la virtud y la pasión de su amor a la humanidad”. Flavio Josefo n. ¿37 ó 38? - †Roma, 94). Historiador judío fariseo descendiente de familia de sacerdotes escribe: “Identifican el placer con el vicio, se ejercitan en la temperancia y la autodisciplina. Renuncian a la riqueza, comen sólo los alimentos necesarios. La mayor parte de ellos viven más de 100 años y leen los escritos de los antiguos. Su silencio da la impresión de un tremendo misterio. Sostienen que el cuerpo es cosa corruptible pero el alma es imperecedera. El espíritu emana del más puro éter, un hechizo natural lo arrastra hacia abajo y queda atrapado en la prisión del cuerpo; pero, una vez puesto en libertad por la muerte, se alegra y es llevado a lo alto. Triunfan sobre el dolor gracias a una voluntad resuelta. La ocupación romana y los martirios que les infringieron probó sus almas de cuantas maneras era posible: en la agonía, sonreían y perdonaban a los torturadores. Cualquier palabra de ellos tiene más fuerza que un juramento. No causan daño a nadie ni por propia determinación ni bajo órdenes; en el caso de obtener autoridad jamás abusarán de ella; son amantes de la verdad; mantienen sus manos alejadas del robo y su alma pura de toda ganancia pecaminosa; no ocultan nada a los miembros de la comunidad y tampoco descubren ninguno de sus secretos a los extraños, aun cuando sean torturados hasta la muerte; transmiten las reglas tal como las recibieron y preservan con cuidado los libros grupales”.

La obra esenia

Como hemos visto, consistía en practicar la hospitalidad, ayudar, consolar y aliviar a las almas dormidas, tratar de despertar a las que estaban a medias, y dar la bienvenida y guiar a las almas despiertas. Denominaron a su enseñanza; “La Nueva Alianza”.

Aspectos fundamentales del pensamiento esenio

Despliega amor donde quiera que vayas: antes que nada en tu propia casa.

Ser esenio significaba ser un ejemplo de moralidad aprendiendo a controlar toda pasión, deseo y cólera.

No apetecían las cosas temporales, y servían a los demás desarrollando sus valores espirituales. Cultivaban un estilo de vida sencillo e inofensivo.

No utilizaban el dinero. Eran vegetarianos.

El respeto a la privacidad de los demás era norma.

La vida privada, correspondía al interior del templo; la vida interna, a la pareja; y la vida externa, a la comunidad.

La ley del silencio y el discernimiento se imponía de manera estricta.

Ningún esenio podía tener un sirviente. La esclavitud y la servidumbre eran para ellos cosas relacionadas con la existencia de entidades oscuras.

La comunidad comprendía una triple jerarquía de fieles; los postulantes, los novicios y los iniciados, a quienes, después de tres años de preparación, les estaba reservada la revelación de una gnosis.

Sabían cómo comunicarse con los seres angélicos.

Reconocían la igualdad de los sexos. Las mujeres participaban en las actividades espirituales.

Vestían blancas ropas de lino, que eran símbolo de pureza y unidad del alma.

Realizaban abluciones rituales diarias en cuatro cisternas grandes y siete pequeñas. El refectorio, que estaba lleno de vasijas, se utilizaba como «sala de comunión» donde los elegidos tomaban sus comidas sagradas comunes.

No se limitaban al estudio de una sola religión, sino que profundizaban en todas para poder extraer de ellas lo mejor de sus fundamentos.

Igualmente, eran fervientes estudiosos de las enseñanzas esotéricas y de ocultos misterios de la Naturaleza desconocidos para otros hombres.

Sabedores de su finitud en esta tierra vivían con el propósito de no prostituir sus almas eternas.

Eran investigadores, descifraban códigos y los traducían a varias lenguas para así preservar y perpetuar sus conocimientos. Consideraban este trabajo como una tarea sagrada.

Estudiaban los secretos de las plantas y minerales con sus aplicaciones para beneficio humano.

Se regían por un consejo de 12 personas al frente de las cuales estaba el llamado " Maestro de Justicia".

En el Manual de Disciplina Esenio III, 13 - IV, 26 se lee:

“El origen de la Verdad está en el Lago de la Luz, y el de la perversidad se encuentra en la Fuente de Oscuridad. Todo aquel que practique Justicia está bajo el dominio del Príncipe de Luz y camina por el camino de la luz; todo aquel que practica perversidad está bajo dominio del ángel de las Tinieblas y camina en el camino oscuro”. De especial interés son las numerosas similitudes existentes entre el pensamiento esenio y los modismos que luego aparecerán en el Nuevo Testamento. En unos y otros se hace hincapié en la inminencia del reino de Dios, en la necesidad del arrepentimiento inmediato y en la esperada derrota de Belial. También aparecen referencias similares en relación con el bautismo en el Espíritu Santo y se encuentran caracterizaciones semejantes de los fieles como "los elegidos" e "hijos de la luz"; ver ( Tit. 1,1; 1 Pe. 1,2; Ef. 5,8). Estos paralelismos son muy llamativos ya que la congregación de Qumrán vivió en la misma época y en la misma región que Juan el Bautista, precursor de las ideas cristianas. Finalmente, diremos que ponderados estudios recientes describen que existió un «Maestro de la Virtud», quien, cien años antes que el Hijo de Dios, predicó la humildad, la caridad y el amor al prójimo. Después fue condenado y ajusticiado a causa de la hostilidad de los sacerdotes y de la «casta judía dominante» -como también le ocurrió a Cristo-. Los esenios fueron objeto de muchísimas persecuciones a través del tiempo hasta que, en el año 68 de nuestra era, esta colectividad fue aniquilada o dispersada por las tropas romanas quienes también destruyeron el monasterio Qumraní. Si bien, lo que Roma no pudo destruir fue el legado histórico-documental esenio resguardado con previsora antelación en las cuevas de Qumrán. Bibliografía: El Evangelio de los Esenios, tomos I,II,III,IV de Edmond Bordeaux Szekely, Editorial Sirio - Málaga


MADRE TERRENAL

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